OTO

Posted on marzo 20, 2013

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Sinopsis

En el amplio andén del costado izquierdo de la avenida Paral.lel de la ciudad de Barcelona, las hojas secas crujen bajo las pisadas de los transeúntes. El verano da paso al otoño. La gente viene y va, algunos con trajes grises y rostros que lucen como las piedras de los antiguos edificios. Otros se resisten al cambio de estación y visten con prendas veraniegas.  Entre ellos, un hombre, Oto, camina sin prisa, guardándole el paso a sus compañeros caninos: Falkor, Trufa y Yuri.  Se detiene frente a una construcción que no es de arquitectura gótica y cuyas paredes de falso espejo contrastan con las demás. Es un banco y justo en el último escalón de la escalera de la entrada, Oto se abre espacio y extiende un par de cartones, se sienta en posición de Buda, saca una vasija de plástico y la coloca al frente, donde de vez en cuando le tiran monedas. Así es su día a día.  A pocos metros, desde el teléfono público, Toño, quien vive a un par de cuadras de ahí, lo observa mientras hace llamadas a los clasificados de empleo. A pesar de ser profesional, sin permiso de trabajo sus opciones son prácticamente nulas, sobretodo con los niveles de desempleo actuales en España. A los 32 años, padre soltero, este colombiano hace “realidad” su sueño de vivir en Europa, sueño que se ha ido transformando en soledad y frustración, si no fuera por su hijo Sebastián de 7 años.

Una vez, cuando el dinero no le alcanzó para comprar la lonchera, el pequeño le preguntó si algún día sería como Oto, el mendigo al que tanta compasión le tiene, pero que en realidad, en el fondo, teme ser como él. Cada día que lo ve, se pregunta de dónde será y cómo llegó a la mendicidad.  Ahora no puede  “tirar la toalla” cuando fue a España en busca de una vida mejor.  También se pregunta si el fin justifica los medios cuando noche tras noche Sebastián pregunta por su abuela.  “Cuando salga la visa vendrá… pronto” le responde.

Después de dejar al pequeño en la boca del metro para que fuera a la escuela, Toño ve cómo dos policías se acercan a Oto y le piden sus documentos. En época de crisis los inmigrantes son de los principales afectados, piensa.  Al verlos, Oto se queda inmóvil por unos segundos, luego esculca sus bolsillos apresuradamente sin resultado. Toño piensa sobre cuál irá a ser su futuro ¿la deportación? y un escalofrío recorre su cuerpo. Cuando  los policías se disponen a llevarse al mendigo, él en un acto de obstinación se suelta y busca en su morral. Por fin, saca un montón de papeles y en medio está el pasaporte. Toño se acerca y alcanza a ver en el documento las estrellitas de la Comunidad Europea. Los policías quedan tan desconcertados como él.

“Oto” es la historia de dos hombres que ante una misma realidad toman opciones diferentes de supervivencia. Uno con una condición de origen que el inmigrante anhela para poder existir y trabajar, pero ante las vueltas que da el mundo, cada vez más la realidad del europeo y la del inmigrante se parecen. En medio, un niño está obligado a vivir el sueño de su padre y aprende a ver el mundo de otra manera.

NOTA DEL AUTOR

El cortometraje “Oto”es el resultado de una vivencia personal de hace más de 10 años, cuando viví en Barcelona como inmigrante.  El olor, las formas, los colores, las dimensiones, las personas… mis sentidos estaban maravillados los primeros días, a pesar de la dureza de empezar la vida en un lugar extraño.  Aprendí a caminar mirando hacia arriba para apreciar la belleza de la arquitectura. Eso poco a poco fue cambiando.

En otoño me encantaba ver y caminar por las calles entapetadas con hojas de todas las tonalidades naranjas y marrones que contrastaban de manera impresionante  con el azul limpio e intenso del cielo. También me atraía ver cómo el paisaje humano se metamorfoseaba a medida que pasaba el tiempo. La gente pasaba de ir con vestidos coloridos y descotados y con actitudes extrovertidas a vestir trajes cada vez más grises y cubiertos con gestos fríos y silentes.  Es el paso de las estaciones y la que más me gustaba era el cambio de verano a otoño. Yo nací en otoño.

Además de enfatizar en la conexión emocional que tengo con este lugar donde viví más de ocho años, considero que  es importante pensar en la estética y  los contrastes que nos muestra  Barcelona: la belleza cándida y a la vez la frialdad, donde las relaciones se tornan cada vez más impersonales.  Una ciudad que para mí era como la tierra del nunca jamás, llena de Peter Panes de todo el mundo y donde yo era uno más de ellos cuando llegué con la ilusión infantil de vivir la vida al límite libre, sin comprometerse,  pensar que siempre se está ahí de paso, como los miles de turistas que la atraviesan cada día, sin embargo los meses pasan y se convierten en años y el tiempo crea nexos difíciles de alejar.  Así es Barcelona, una pequeña cosmopolita donde convergen muchos mundos de todas las épocas y que es visible y audible en cada espacio.

Luego, está el proceso íntimo. Yo, una madre soltera con un niño de 7 años intentando buscarme la vida en un país donde no conocía a nadie. Una experiencia fortalecedora y que marca la existencia para siempre. Sentimientos encontrados, por un lado de impotencia y desespero de no encontrar la estabilidad económica y sobretodo miedo. Pero al mismo tiempo el deseo de seguir adelante, de perceberar.  En medio de esto y

como un motor que lo impulsa todo, está el niño, a quien se le ha hecho la promesa de una vida mejor, a pesar de tener lejos a sus más grandes afectos.

Esta sensación es la que quiero reflejar en el corto, una mezcla de sentimientos que con el tiempo se van transformando y  se evidencian en los personajes y en el paisaje.  Esto se enfatiza a través de símbolos,  detalles como el espejo que alude a la imaginación y es el punto de conexión entre el consciente y el subconsciente, Toño teme verse algún día reflejado como Oto.  Las monedas que en la vida de uno están constantemente, mientras que en la del otro escasean.

El tránsito de las estaciones es la principal propuesta estética cinematográfica y está centrada en la progresión emocional de Toño.  Cómo pasa de la esperanza a la angustia. Es una especie de degradé que empieza con escenas con mucha luz y color, que connotan euforia y  poco a poco se va pasando al gris y finalmente al casi negro con una luz más tenue,  como silencios de luz que hablan por el personaje.  En lo posible se aprovechará la luz natural, lo que es un reto para el director de fotografía. Casi todo el rodaje se hará en exteriores, excepto dos escenas. La fotografía y la dirección de arte son aspectos fundamentales en el cortometraje. La idea es mostrar un escenario europeo visto a través de una mirada latina.

Por otro lado, habrán dos miradas que se confrontarán: la de Toño, que será subjetiva, en este caso y paradójicamente demostrando la inestabilidad del inmigrante.  A medida que pasa el tiempo ésta pasará de ser una mirada general y “observacional”,  al primer plano, al acercamiento y  la confrontación con el otro personaje.  Se generará la sensación de un punto de vista “Voyeur”.  La poca profundidad de campo y  el foco selectivo enfatizarán la mirada de los personajes.

En el caso de Oto, quien ve pasar la vida desde el andén, los planos serán fijos.  Es una mirada más elaborada y sobria, connotan cierta estabilidad. Serán planos más pausados, “poco expresivos” que reflejan cierta frialdad y a veces indiferencia (o tranquilidad) del europeo.

Finalmente la mirada del niño pasará de un estado a otro, a veces será como Toño, otras como Oto. nos mostrará el mundo desde su perspectiva, a su altura, en medio de las piernas de los transeúntes.  El verá a Oto cara a cara, mientras siempre verá a su padre en contrapicado.

Hace un par de años alguien que leyó el guión me preguntó ¿por qué el personaje principal, Toño, es un hombre y no una mujer como tú?  Entiendo que es extraño porque lo típico y sobretodo siendo una historia que me pasó a mí, fuera  una mamá la que viviera esta situación, pero mi objetivo es acentuar la vivencia de Sebastián… sus sentimientos, sus vacíos.  Una madre es un eje fundamental en la vida de un niño de 7 años, la etapa edípica y el hecho que esté ausente hace que la constante evocación de Sebastián hacia su abuela sea más fuerte, es el símbolo femenino en la distancia. De la madre no sabemos nada, se podría especular, podría estar muerta o tal vez los abandonó.

Los perros son esos personajes inertes que simbolizan el cariño presente o ausente. Oto tiene un labrador muy parecido al Napo, el perro de Sebastián y eso lo entendemos cuando vemos las fotos en la habitación de los colombianos. Por eso el niño cada vez que pasa frente al mendigo se inquieta porque cuando ve a Yuri, recuerda al compañero de toda su vida en Colombia. Gesto que es interpretado de manera errada por Toño, quien vive  su propio miedo de parecerse cada vez más a Oto y el miedo que esto se esté evidenciando para su hijo,  a quien en realidad quiere mostrar una imagen de la que él pueda estar orgulloso.  La ironía es que la historia al final muestra que el mundo gira y los lugares que se ocupan en la sociedad se van rotando, y ese a quien uno no se quiere parecer, es justamente el que uno inconscientemente quiere ser.

Diana Kuellar

Biofilmografía de la directora // Director’s Biofilmography
Diana Kuellar

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Diana Kuellar, director and productor: dianakuellar@makingdo.org